Se quedó callado.
“Creo que confundí ayudarla con rescatarla siempre.”
“Y empezaste a esperar que yo también pagara el precio de esos rescates.”
Me miró.
“Sí.”
Fue la respuesta más sincera que me había dado en semanas.
Tres días después, mi suegra llamó.
Pensé que me reclamaría.
En cambio, sonaba agotada.
Natalia ya se había quejado del tamaño del cuarto, del internet y del trayecto hacia la escuela.
Pero mi suegra también había descubierto algo.
El señor Cárdenas no pagaba 14.000 pesos adicionales.
Pagaba casi 19.000 pesos más de lo que Natalia pagaba de renta.
Además, Natalia había cobrado un depósito equivalente a 2 meses.
Su plan había sido quedarse con distintos familiares hasta Navidad y ahorrar una cantidad considerable.
Mi suegra le dio 2 opciones.
Devolver el dinero correspondiente al tiempo restante o buscar otro lugar donde vivir.