Cuando Mateo volvió al Rancho La Jacaranda, no regresó para recuperar un puesto ni para demostrarle a Regina Salvatierra que se había equivocado. Regresó porque Relámpago llevaba tres días respondiendo mal a las señales que antes entendía sin esfuerzo.
Regina había sido quien lo despidió.
Ahora era ella quien necesitaba que volviera.

Mateo había recibido la petición con una pregunta que todavía pesaba entre los dos: hacía tres días era innecesario, pero ahora resultaba útil durante 13 días.
No había levantado la voz al decirlo.
Y precisamente por eso, Regina no encontró una respuesta sencilla.
El regreso comenzó con una condición clara. Mateo no aceptaría que lo trataran como una pieza temporal que podían retirar cuando sobraba y volver a colocar cuando algo salía mal. Si iba a trabajar con Relámpago, sería para hacer lo que había hecho durante años: observar al caballo, entender sus señales y recuperar una rutina que la nueva organización había alterado.