—¿Y la otra?
No respondió.
Ya tenía mi respuesta.
No necesitaba que me la dijera.
Ese fue el segundo giro.
No habían vendido la casa solamente para resolver una emergencia.
Había dinero cuyo destino Daniela desconocía.
Y si ella no sabía dónde había terminado, tampoco podía sostener que había tomado aquella decisión para proteger a su esposo.
Colgué.
No porque quisiera castigarla.
Porque