Arthur abrió otro sobre.
Dentro había una carta escrita a mano.
—Florence sabía quién eras antes de que entraras en esta casa.
—¿Por qué nunca me
dijo nada?
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
Arthur volvió la cabeza hacia la puerta.
—De mis hijos.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—No entiendo.
Arthur se inclinó hacia mí.
—Daniel no actuaba solo.
Antes de poder preguntarle nada más, volvieron a llamar.
Esta vez entró una mujer.
Era Victoria, la hija menor de Arthur.
Durante la boda había permanecido casi siempre junto a su hermano Richard.
—Papá —dijo—, necesitamos hablar.
Entonces vio la llave sobre la mesa.
Su expresión cambió durante apenas un instante.
Pero lo vi.
Y Arthur también.
Victoria recuperó rápidamente la sonrisa.
—¿Qué haces con esa llave?
Arthur la guardó en el bolsillo.
—Nada que te interese.
—Deberías descansar.
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