EL DÍA QUE ME SENTENCIARON A TRES AÑOS DE PRISIÓN, VI A MI ESPOSO ABRAZANDO A MI MEJOR AMIGA. PERO ÉL NO SABÍA QUE YA HABÍA ENTREGADO MI EMPRESA AL HOMBRE QUE MÁS ODIABA.

Mi abogado cuestionó las contradicciones.

Sin embargo, el tribunal consideró suficientes las pruebas presentadas.

Fui condenada.

Y mientras me trasladaban a prisión, Adrian comenzó a intentar quedarse con el control de mi empresa.

No sabía que Gabriel ya estaba revisando cada contrato.


Conocía a Gabriel desde hacía quince años.

Había sido socio comercial de Adrian, hasta que descubrió irregularidades en un proyecto de construcción.

parte2

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