Desde la banqueta tomó las fotografías que después guardó en su teléfono mientras Teresa, su vecina, intentaba encontrar palabras para consolarla.
Ana no le explicó lo que había ocurrido en el
hospital.
Sólo dijo aquella frase que Teresa
Víctor seguía sin saber que ya no había una casa que entregar.
Cuando finalmente recibió autorización para salir, pidió que Ana fuera por él.
La enfermera que tomó el mensaje volvió unos minutos después.
—Su esposa no vendrá.
Víctor frunció el fruncido.
—¿Habló con ella?
—Se dejó el aviso en el número registrado.
No hubo más explicación.
Víctor llamó otra vez.
Ana dejó sonar el teléfono hasta que se apagó.
Entonces él hizo lo que todavía le resultaba más fácil que aceptar un rechazo: llamó a Rita.
Ella llegó poco después.