El primero había sido devuelto porque el destinatario ya no residía ahí.
El segundo llevaba una anotación similar.
El tercero ni siquiera había sido abierto.
—Me mudé de ese lugar poco después de la inundación —dijo Gabriel—. Mi madre se encargaba de reenviarme todo mientras yo trabajaba prácticamente día y noche.
Isabel lo miró fijamente.
—Exactamente.
Gabriel sintió que aquella palabra reorganizaba la historia.
Mercedes no necesitaba falsificar cada paso.
Le bastaba controlar los mensajes que cruzaban entre dos personas que ya estaban separadas por kilómetros, duelo y miedo.
A Isabel le decía que Gabriel había comenzado otra vida.
A Gabriel le decía que Isabel había desaparecido en la inundación.
Y mientras ambos aceptaban una pérdida distinta, Mercedes podía asegurarse de que ninguno encontrara al otro.
Pero todavía había un problema.
—Yo regresé —dijo Gabriel—. Vine después de que mamá me llamó. Estuve aquí varios días. Busqué junto al río. Hablé con vecinos. ¿Dónde estabas tú?
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