Miguel no tenía respuesta que no suene pobre.
Canela se desplazó, y la cuerda alrededor de su cuello se apretó contra el cartón.
Lupita lo notó primero.
– Espera -dijo ella-.
Se acercó, lentamente, con las tijeras del cajón de la cocina en una mano.
Canela gruñó, pero estaba