PARTE 2: LAS TRES HIJAS QUE HICIERON TEMBLAR AL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL TRIBUNAL

Hay un problema.

—¿Cuál?

Su voz se volvió apenas un susurro.

—Esa caja fue registrada a nombre de su madre. Y ayer alguien intentó vaciarla.

Una hora después, el teléfono de Sofía sonó.

Era un número desconocido.

Contestó.

—¿Licenciada Hernández?

—Sí.

—Mi nombre es Mariana Robles.

Sofía dejó de respirar.

La mujer al otro lado comenzó a llorar.

—Me dijeron que mi hija murió hace veinticuatro años.

Sofía apretó el teléfono contra su oído.

—No murió.

Hubo un silencio desgarrador.

Después Mariana susurró:

—¿Sofía?

Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la joven.

—Sí, mamá.

Se escuchó un sollozo.

—Te he buscado en mis sueños durante toda mi vida.

Sofía cerró los ojos.

Pero antes de que pudiera responder, Mariana añadió:

—Hija, escúchame con atención. Tu tío no puede enterarse de que hablamos.

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