Luego:
Mi abogado va a demostrar que eres inestable.
Por la tarde:
Si no regresas, te vas a quedar sin nada.
Ahí reconocí al verdadero Ricardo.
Cuando no podía controlarme mediante culpa, usaba miedo.
La diferencia era que esta vez yo no estaba sola.
Durante las siguientes semanas hubo entrevistas, abogados, medidas de protección y audiencias.
Ricardo intentó presentarse como un padre severo malinterpretado.
Leonor declaró que yo era “emocionalmente exagerada”.
Tomás aseguró que su comentario había sido una broma.
Pero existía el video.
Y los mensajes.
Sobre todo existía Mateo.
La primera vez que tuvo que hablar con una psicóloga infantil, se aferró a mi mano.
—¿Tengo que contar todo?
—Solo lo que quieras contar.
—¿Y si papá se enoja?
Me arrodillé frente a él.
—Aquí nadie puede lastimarte por decir la verdad.
Tardó varios minutos en entrar.
Después empezó a hablar.