Ricardo eligió el control.
Leonor eligió proteger a su hijo adulto.
Tomás eligió la crueldad disfrazada de tradición.
Yo elegí a Mateo.
Debí hacerlo mucho antes.
Eso es algo con lo que tendré que vivir.
Pero aquella noche salí de esa casa con mi hijo.
Y desde entonces, cada día que él puede hablar sin miedo, vuelvo a elegirlo.