Cuando le dijeron que necesitaban sangre, firmó los documentos sin leerlos con detenimiento.
Cuando una enfermera le colocó la aguja en el brazo, apretó los dientes y pensó en los tres años que llevaba junto a él.
Pensó que ese era el momento en que una pareja demostraba cuánto estaba dispuesta a hacer por la otra persona.
También recordó el mensaje que Diego le había enviado poco antes.
«Si de verdad me amas, no vas a preguntar cuánta sangre necesitan. Solo hazlo por mí».
Ella lo hizo.