Eso convierte cada nuevo encuentro público en una especie de reunión entre distintas generaciones.
Los mayores recuerdan.
Los adultos vuelven por algunos minutos a su infancia.
Los jóvenes descubren la historia detrás de un personaje que siguen encontrando en internet.
Y mientras todo eso sucede, Quico continúa apareciendo con sus cachetes inflados, su traje de marinero y aquella inconfundible expresión de inconformidad.
Una carrera que terminó convirtiéndose en memoria colectiva
Quizás la parte más significativa de cumplir 82 años no sea simplemente alcanzar una determinada edad.
En el caso de Carlos Villagrán, significa poder observar desde el presente algo que comenzó como un trabajo de televisión y terminó formando parte de la cultura popular latinoamericana.
Cuando aquellas escenas fueron grabadas, nadie podía saber exactamente cuánto tiempo permanecerían vigentes.
Mucho menos podían imaginar un mundo donde décadas después podrían reproducirse instantáneamente desde un teléfono.