Sin embargo, ocurrió.
Carlos Villagrán envejeció junto con sus primeros espectadores mientras nuevas generaciones continuaban descubriendo a Quico.
Y esa probablemente sea una de las mayores recompensas que puede recibir un comediante: comprobar que mucho tiempo después de realizar su trabajo, alguien en algún lugar todavía se ríe gracias a él.
A sus 82 años, Villagrán puede mirar hacia atrás y contemplar una trayectoria con momentos buenos, controversias, cambios y enormes desafíos. Pero también puede observar algo que muy pocos artistas consiguen.
Creó, junto con un elenco histórico, recuerdos que terminaron pasando de padres a hijos.
Quico continúa siendo aquel niño presumido de la vecindad.
Carlos Villagrán, en cambio, es hoy un hombre de 82 años que ha podido presenciar cómo su personaje sobrevivió al paso del tiempo y continúa provocando sonrisas más de medio siglo después de sus primeras apariciones.
Y quizá esa sea la verdadera revelación detrás de su historia: algunos personajes dejan de pertenecer únicamente al actor que los interpreta y terminan formando parte de los recuerdos de millones de personas.