—No. Viví como siempre he vivido. Nunca te pedí que demostraras nada.
—Pero ocultaste algo enorme.
—Lo mantuve privado.
—Soy tu esposo.
Valeria soltó el aire lentamente.
La frase volvía otra vez.
Pero esta vez Diego
también la escuchó.
Se quedó quieto y negó con la cabeza.
—Ya entendí cómo suena.
—No necesito que entiendas cómo suena. Necesito que entiendas lo que significa cuando la usas.
Diego miró la carpeta.
—¿La carta significa que quieres separarte?
Era la primera vez que pronunciaba la pregunta que realmente importaba.
Valeria no tenía una respuesta preparada.
—Significa que no voy a seguir casada de la misma manera en que empezamos —dijo—. Si seguimos, será con límites que tú no decides solo y que tu mamá tampoco decide por nosotros.
Diego permaneció en silencio.
Valeria continuó.
—Tu familia puede estar en tu vida. No te voy a pedir que elijas entre ellos y yo. Pero no volveré a pagar por obligación. No volverás a usar una tarjeta mía sin autorización. Y si tu mamá vuelve a hablar de mí como alguien sin familia a quien ustedes pueden controlar, espero que
sepas de qué lado debes estar.