—¿Qué cosas?
La pregunta descolocó a doña Carmen.
—Ya sabes.
—No. Dímelo.
—No deja a su marido sin dinero.
Valeria apoyó la mano sobre el respaldo de la silla.
—El dinero de Diego sigue siendo de Diego.
—Ahora son un matrimonio.
—Sí.
—Entonces todo se comparte.
—¿También las decisiones?
Doña Carmen no respondió.
—Porque nadie compartió conmigo la decisión de comprar cuatro boletos —continuó Valeria—. Nadie compartió conmigo la decisión de cambiar mi luna de miel. Nadie me preguntó si quería pagar los paseos de Karla. Eso sí lo decidieron ustedes solos.
—Éramos familia.
—Eso me dijeron muchas veces.
La conversación terminó poco después.
Doña Carmen devolvió el teléfono a Diego y él prometió llamar más tarde.
No lo hizo durante varias horas.
Valeria aprovechó
ese tiempo para ordenar las cosas que había ignorado durante los días previos a la boda.