Luke dejó de moverse.
—¿Qué?
—Un
hermano gemelo.
El silencio fue absoluto.
—No.
—Sí.
—Nunca me dijiste eso.
—Lo sé.
—¿Cómo se llamaba?
Me costó pronunciarlo.
—Michael.
Luke retrocedió.
—El papá de Ben se llama Michael.
Asentí.
Luke se llevó ambas manos a la cabeza.
—Dios mío.
—Luke…
—Entonces Ben y yo somos primos.
—Sí.
Señaló el papel.
—¡Esto no dice primos!
Tenía razón.
—No.
—Dice hermanos.
—Luke, las pruebas de parentesco entre hijos de gemelos idénticos pueden ser complicadas.
Él me miró como si acabara de inventarlo.
—¿Qué?
Yo tampoco conocía todos los detalles técnicos.
Pero conocía la historia.
Y era una historia que había intentado enterrar durante dieciocho años.
—Daniel y Michael eran gemelos idénticos.
Luke se quedó mirándome.
—Entonces una prueba puede confundir…
—Puede mostrar una relación genética mucho más cercana de lo que normalmente esperarías entre primos.