El Secreto del Convento

La línea se cortó.

Durante varios segundos, ninguno habló.

Entonces Camilo señaló lentamente hacia el suelo.

—Doctor…

Algo estaba goteando debajo de la segunda camilla.

Una gota.

—Doctor Fonseca…

Fonseca se quedó helado.

Conocía esa voz.

Era la voz de la monja que estaba sobre la camilla.

—¿Quién es?

La respuesta llegó apenas audible.

—No mire debajo de la segunda camilla.

Fonseca levantó la vista.

Camilo estaba junto a la primera.

Había otra camilla al fondo de la habitación.

Vacía.

O eso habían pensado.

Fonseca hizo un gesto para que Camilo no se moviera.

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