Un establo.
Dos hombres discutiendo.
Dinero.
Un disparo.
Y una voz conocida.
Gideon tomó el lápiz con dedos temblorosos.
Ashford.
Rosalie dejó de respirar.
—¿Mi padre?
Gideon asintió.
Antes de poder escribir más, escucharon caballos
Un establo.
Dos hombres discutiendo.
Dinero.
Un disparo.
Y una voz conocida.
Gideon tomó el lápiz con dedos temblorosos.
Ashford.
Rosalie dejó de respirar.
—¿Mi padre?
Gideon asintió.
Antes de poder escribir más, escucharon caballos