—¿Y para Benny?
Pensé un segundo.
—Algo que pueda comer.
Por primera vez en mucho tiempo, Benny movió la cola con entusiasmo.
Y mientras me sentaba junto a la ventana, entendí algo que jamás habría imaginado aquella tarde:
Había entrado en aquella cafetería pensando que solo necesitaba un lugar donde recuperar el equilibrio.
Pero terminé descubriendo que, a veces, las personas que parecen no tener nada…
son precisamente las que terminan cambiando la vida de todos los que las rodean.