Pero podía decidir qué ocurriría desde ese día.
Cuando se marchaban, Lucas se volvió hacia él.
—Papá, ¿mañana también vamos a estar los 4?
Álvaro le tomó una mano. Nico tomó la otra de Lucas y Mateo se agarró a su hermano.
—Mañana también.
—¿Y pasado?
Álvaro miró a los 3.
—También.
Mateo sonrió por primera vez sin mirar hacia atrás, como si por fin hubiera entendido que ya no necesitaba memorizar una ruta de escape.
Y los 4 salieron del callejón caminando despacio, unidos por las manos, mientras el viejo sobre con el nombre de Álvaro permanecía guardado en una caja de su despacho, junto a las 3 pulseras del hospital.
No como recuerdo de la mentira que los separó, sino como prueba de que, a veces, una familia puede tardar 6 años en encontrarse y aun así llegar a tiempo para empezar de nuevo.