Sin embargo, esa misma madrugada, cuando regresaba a su casa, sufrió un accidente de tránsito provocado por un conductor ebrio.

Murió antes de poder declarar oficialmente.
Gracias al video recuperado y a las nuevas pericias, el verdadero responsable fue finalmente detenido.
Meses después recibí una caja enviada por los padres de Santiago.
Dentro estaba el cuaderno.
En la última página había una frase escrita con tinta azul.

«No pude borrar tus cicatrices… pero espero haber logrado que, aunque fuera por una noche, dejaras de sentirte invisible.»
Lloré durante horas.
Ese baile nunca fue un acto de lástima.
Fue la promesa silenciosa de un niño que llevaba casi diez años intentando reparar una injusticia que jamás había sido su culpa.