Los especialistas lograron recuperar parte de la memoria.
Entre los archivos había un video de pocos segundos.
La imagen era borrosa, pero suficiente.
Se veía humo saliendo de nuestra cocina.
Un niño corría desesperado hacia la puerta.
Era Santiago.
No estaba provocando el incendio.
Intentaba entrar para ayudar.
En la grabación gritaba que había una niña atrapada.
Un adulto lo sujetaba con fuerza para impedirle volver a entrar mientras las llamas crecían.

Aquel hombre era un vecino que había declarado como testigo años atrás.
El mismo vecino que aseguró ante la policía que la casa ya estaba vacía.
Las nuevas pericias revelaron algo aún más impactante.
El incendio nunca había sido un accidente.
Había sido provocado para cobrar un seguro.
Y quien manipuló la instalación de gas fue precisamente ese vecino, que trabajaba como técnico matriculado y había realizado reparaciones semanas antes.