—Siga leyendo, señora Estela.
Lo que Rodolfo nunca me contó
Quedaban varias páginas. Con las manos temblando, volví a la carta. Rodolfo me contaba que, hacía cuarenta años, su padre había fallecido y les había dejado a él y a su hermana unas veinte hectáreas de terreno en las afueras de Mendoza. En ese momento valían poco y, por eso, él nunca me dio importancia a ese tema. Rodolfo compró la parte de Norma, con papeles y ante escribano, todo en regla.

Años después, la zona empezó a crecer y el terreno multiplicó su valor. Norma intentó anular la venta y dijo que la habían engañado. Perdió en los tribunales, pero nunca perdonó a su hermano.
Recordé las Navidades en las que Norma venía con un ramo de flores para mi cumpleaños. La recordé a mi lado en el funeral. Y sentí un escalofrío.
«Hace seis meses, Norma se enteró de que había una oferta de compra por el terreno. Es una cifra mucho mayor de la que imaginas.»