PARTE 2: LA DOSIS DE MEDIANOCHE

—Yo no debía matarlo.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

 

 

—Solo mantenerlo incapacitado.

—¿Para quién?

Bernal cerró los ojos.

—Ricardo.

La policía fue notificada.

Pero cuando llegaron a buscarlo, Ricardo ya había desaparecido.

Su teléfono estaba apagado.

Su oficina vacía.

Y alguien había intentado

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