—Yo no debía matarlo.
Alejandro quedó inmóvil.
—¿Qué acabas de decir?
—Solo mantenerlo incapacitado.
—¿Para quién?
Bernal cerró los ojos.
—Ricardo.
La policía fue notificada.
Pero cuando llegaron a buscarlo, Ricardo ya había desaparecido.
Su teléfono estaba apagado.
Su oficina vacía.
Y alguien había intentado