PARTE 2: LA DOSIS DE MEDIANOCHE

Nada extraño.

Era su médico.

Hasta que revisaron la cámara de la cocina.

Varias noches, Bernal

recibía una pequeña bolsa térmica.

Quien se la entregaba era Ricardo.

 

 

 

Alejandro se quedó mirando la pantalla.

—No.

Rosa no dijo nada.

Entonces encontraron otra grabación.

Ricardo entregaba la bolsa.

Bernal preguntaba algo.

No había audio.

Pero Ricardo sacaba un sobre y se lo daba.

Dinero.

Alejandro llamó inmediatamente a su abogado.

No confrontó a nadie.

Rosa insistió.

—Si saben que usted sospecha, destruirán lo que falta.

Aquella noche hicieron creer a todos que Mateo había empeorado otra vez.

Bernal llegó a las 11:55.

Llevaba su maletín habitual.

—Necesito estar solo con el paciente.

Alejandro fingió cansancio.

—Estaré en mi despacho.

Pero nadie se fue realmente.

Dos personas de seguridad observaban desde la habitación contigua.

Rosa estaba detrás de una puerta.

Bernal abrió el maletín.

Sacó el medicamento habitual.

Luego metió la mano en un bolsillo interior.

Sacó un segundo frasco.

Rosa susurró:

—Ahora.

Seguridad entró.

Bernal dejó caer

 

 

el frasco.

 

 

—¿Qué significa esto?

Alejandro apareció detrás.

—Eso mismo quiero preguntarte.

El médico palideció.

—Es medicación complementaria.

—Entonces estará registrada.

Bernal no respondió.

El frasco fue entregado inmediatamente para análisis.

A la mañana siguiente llegó el resultado preliminar.

No era un veneno misterioso.

Era una combinación de fármacos de uso legítimo que, administrados repetidamente junto con el tratamiento de Mateo, podían provocar somnolencia extrema, debilidad, confusión y empeorar peligrosamente su estado general.

—¿Durante ocho meses? —preguntó Alejandro.

El especialista asintió.

 

 

 

—Tendremos que reconstruir las dosis.

Alejandro fue directamente hacia Bernal.

—¿Por qué?

El médico guardó silencio.

—¡Es mi hijo!

Bernal finalmente levantó la cabeza.

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