Aquella tarde, el doctor Paloma llegó al convento. Tras un breve examen a puerta cerrada en la enfermería, salió al pasillo con el rostro pálido y el ceño fruncido, completamente desconcertado.

El aire en la cripta era espeso con el olor a polvo viejo y piedra en descomposición. Elena

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *