Mientras tanto, Diego comenzó a llamarla.
Primero una vez.
Después otra.
Luego varias veces seguidas.
Valeria no respondió.
No porque quisiera castigarlo.
Sino porque por primera vez entendía que responder inmediatamente también podía ser parte del mecanismo que durante años la había mantenido disponible para él.
Finalmente llegó un mensaje.
«Tenemos que hablar».
Valeria lo leyó.
Después apareció otro.
«No entiendes lo que viste».
Ese mensaje sí le confirmó algo.
Diego sabía que ella había estado allí.
Y, si lo sabía, entonces la conversación en la habitación VIP no había sido un accidente.