Mi voz tembló, pero continué.
—No necesito que te guste cada vestido que llevo. No necesito que me encuentres atractiva todos los días. Y tampoco necesito que me hagas cumplidos cuando no los sientes.
Lo miré directamente.
—Pero sí necesito que me respetes.
Damon se pasó una mano por el cabello.
—Yo solo pensaba que el vestido era demasiado llamativo.
—Entonces podrías haberlo dicho de otra manera.
—No quería que la gente hablara de nosotros.
Aquella respuesta me dolió más que cualquier otra.
—¿La gente? ¿De verdad te preocupa más lo que piensen unos desconocidos que cómo me siento yo?
No contestó.