En una cena con sus futuros compañeros, alguien comentó lo contenta que debía estar yo por “los viernes”. Andrés había negociado un viernes libre al mes para él y Camila, porque ella le había dicho una vez que siempre trabajaba “en los días divertidos”.
—Entonces empieza a contarme las cosas que recuerdas antes de armar una solución alrededor de ellas —le pedí.
Unaa planear en familia.
—¿Puedo pintar mi cuarto de verde?
Meses después, en nuestra cocina nueva, Andrés llegó a casa antes de que se pusiera el sol. Camila hacía la tarea en la mesa y yo contestaba correos de clientes nuevos. No era la vida perfecta. Pero esta vez la habíamos elegido juntos.