Miré el documento.
En la parte superior aparecían los nombres de Jonah y Blythe.
La fecha era de siete años atrás.
Un año antes de que nacieran.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Qué es esto?
La voz de Elena tembló.
—La razón por la que el tratamiento de sus hijos no está funcionando.
Miró hacia el pasillo vigilado.
—Y si la persona que mató a Genevieve descubre que estoy aquí, ninguno de nosotros sobrevivirá esta noche.
Durante unos segundos nadie habló.
Después Prescott cerróla puerta.
—Señor Mercer —dijo—, necesito registrar a esta mujer.
—Hazlo.
Elena levantó las manos.
No llevaba arma.
Solo el collar, el informe y una pequeña memoria externa protegida dentro de una bolsa de plástico.
Prescott la colocó sobre mi escritorio.
—¿Qué contiene?
—Todo lo que Genevieve logró sacar del laboratorio.
Miré el informe otra vez.
—Empieza desde el principio.
Elena respiró profundamente.
—Yo trabajaba en Halcyon Biomedical.
Conocía el nombre.
Todo Chicago conocía Halcyon.
Una empresa de biotecnología privada especializada en terapias genéticas y oncología.
También conocía a su fundador.
El doctor Victor Sloane.
Había sido amigo de mi familia durante casi veinte años.
Había asistido a mi boda.
Había estado en el funeral de Genevieve.
Y era uno de los asesores que Franklin había consultado cuando mis hijos enfermaron.
—¿Qué tiene que ver Sloane?
Elena me miró directamente.
—Todo.
Prescott dio un paso hacia ella.
—Cuidado.
—Déjala hablar.Elena señaló el informe.
—Genevieve tenía una mutación hereditaria poco común. No era necesariamente mortal, pero podía aumentar ciertos riesgos hematológicos en sus hijos.
—Eso lo sabemos.
—No. Saben una parte.
Pasó varias páginas.
—Siete años atrás, antes del embarazo, Genevieve participó en un programa de fertilidad asociado con Halcyon.