6.º B — 1990
Nadie dijo nada. Bajaron.
Las personas que crecieron bajo tierra
A unos doscientos metros, la galería se ensanchaba. Encontraron la primera habitación: camas improvisadas, mesas, recipientes para el agua, ropa. Y en una pared, decenas de rayas verticales agrupadas de a cinco. Años enteros contados sobre el cemento. Pero no había nadie.
—¿Dónde están? —preguntó uno de los rescatistas.
Desde el fondo del túnel llegó un ruido. Una puerta metálica se abrió y un hombre de pelo completamente blanco apareció a la luz, con las manos levantadas para protegerse los ojos.
—¿Sofía? —preguntó.
Andrés se quedó helado. El hombre se llamaba Mateo Balcarce. En 1990 tenía trece años. Ahora tenía cuarenta y ocho. Detrás de él aparecieron otros: once personas en total. Eran los niños desaparecidos, solo que ya no eran niños.