—Necesito hablar con mi abogado.
Aquella respuesta dijo más que cualquier confesión.
Pero la verdadera sorpresa llegó cuando Patricia declaró.
Contó todo.
Las reuniones.
Las presiones.
Los intentos de controlar las cuentas.
La obsesión de Daniel por cerrar la fundación.
Y finalmente habló de la última conversación que había tenido con su padre.
—Me dijo que todavía estaba dispuesto a perdonarnos.
Daniel la miró furioso.
—¡Cállate!
El juez intervino inmediatamente.
Patricia comenzó a llorar.
—Papá no quería dejarnos sin nada. Quería que dejáramos de comportarnos como si su muerte fuera una oportunidad financiera.
Entonces Álvaro presentó el documento que yo todavía no había visto.
Era una carta dirigida a los tres hijos.
Harrison había pedido que solo se abriera si ellos impugnaban sus decisiones.
Álvaro comenzó a leer:
“Daniel, Patricia y Roberto:
Si estáis escuchando esta carta ante un juez, significa quehabéis hecho exactamente aquello que esperaba que no hicierais.