Patricia permaneció en silencio durante varios segundos.
—Daniel sabe que habéis encontrado la grabación.
La miré sorprendida.
—¿Cómo?
—Porque el doctor Valdés lo llamó.
—Entonces están preocupados.
Patricia soltó una risa amarga.
—No tienes idea.
Sacó su teléfono.
—Mi hermano lleva años controlándolo todo. Las empresas, las cuentas familiares, incluso lo que Roberto y yo recibíamos de nuestro padre.
—¿Y eso debería hacer que sienta penaqué?
—Porque si demostramos que sabían que era falso, ya no estaremos hablando simplemente de una disputa sobre una herencia.
Aquella noche Álvaro entregó copias de todo al equipo jurídico de la fundación.
Yo pensé que por fin teníamos suficiente.
Me equivocaba.
Dos días después, Patricia apareció sola en la residencia.
No llevaba abogado.
No llevaba documentos.
Parecía agotada.
—Necesito hablar contigo.
—Puedes hablar con Álvaro.
—No. Contigo.