Había dejado pruebas.
Guardé la pequeña llave en la palma de la mano y llamé inmediatamente a Álvaro.
Llegó a la residencia menos de una hora después.
Le mostré la libreta, la nota escondida bajo el rey y la llaveque Harrison había pegado debajo de la reina blanca.
—¿Sabe qué abre? —pregunté.
Álvaro examinó la llave.
—No. Pero si Harrison escribió “Archivo 642”, probablemente esperaba que usted pudiera encontrarlo.
Registramos el escritorio sin mover nada innecesariamente. Abrimos cajones, revisamos carpetas y examinamos la pequeña biblioteca. No encontramos ningún dispositivo ni documento marcado con aquel número.
Entonces recordé una frase.
“Copia guardada donde Elena siempre ganaba.”
—El tablero —dije.
Volví hacia la mesa.
No eran las piezas. Ya las habíamos revisado.
Levanté el tablero.
Pesaba demasiado.
Álvaro pasó los dedos por uno de los bordes y descubrió una diminuta cerradura casi invisible entre las molduras de madera.