A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

—Harrison loodiaba.

—Precisamente.

—Entonces el informe puede ser falso.

—Eso tendremos que demostrar.

Guardé cuidadosamente la carta de Elena.

Por primera vez desde que había comenzado todo, ya no sentía miedo.

—¿Cuándo es la vista?

—Dentro de dos semanas.

—Entonces tenemos dos semanas.

Álvaro me observó.

—Isabel, esto puede convertirse en algo muy desagradable. Sus vidas privadas serán examinadas. Sus hijos intentarán desacreditarla.

—Que lo intenten.

Tomé la fotografía de Harrison y Elena.

—Durante dos años cuidé a un hombre al que ellos prácticamente habían abandonado. No pienso permitir que ahora destruyan lo que construyó durante treinta años.

Regresamos a la residencia aquella tarde.

Cuando entré en la antigua suite de Harrison, todo seguía exactamente como él lo había dejado.

Su sillón.

Sus libros.

El tablero de ajedrez.

Me acerqué lentamente.

Había una partida sin terminar.

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