Elena añadió:
—No quiero mi nombre en ningún edificio.
—Entonces ¿qué nombre ponemos?
—Ninguno.
Harrison la miró.
—Elena…
—Prométemelo.
La grabación continuó durante varios minutos.
Hablaron de residencias, asistencia domiciliaria, atención médica y pequeños apartamentos para personas mayores que vivían solas.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Harrison preguntó:
—¿Y qué pasará si algún día tus familiares necesitan ayuda?
Elena se quedó pensativa.
—Exactamente lo mismo que con cualquier otra persona. Nada de privilegios.
Después sonrió.
—Aunque tengo una hermana que probablemente nunca aceptaría ayuda si supiera de dónde viene.
Harrison se rio.
—¿Cómo se llama?
Elena miró directamente hacia la cámara.
—Isabel.
Sentí que se me erizaba la piel.
La grabación terminópoco después.
Durante varios minutos ninguno de nosotros habló.
Finalmente Álvaro rompió el silencio.
—Ahora entiende por qué Harrison nunca quiso que la fundación desapareciera.