La mujer que desapareció de su vida 4 años atrás sin despedirse.
La mujer por la que él se juró no volver a confiar en nadie.
—No puede ser… —murmuró.
Doña Carmen también la vio.
Y algo extraño ocurrió.
No se sorprendió como quien ve a una desconocida en desgracia.
Se puso pálida como quien reconoce un pecado.
Santiago notó el temblor en sus dedos.
—Mamá —dijo sin apartar la vista de la banca—. ¿Tú sabes algo?
Doña Carmen apretó los labios.
Uno de los bebés se movió. La cobija cayó apenas lo suficiente para mostrar una manita diminuta, de dedos largos, con un lunar pequeño cerca del pulgar.
Santiago sintió que el pecho se le cerraba.