—Le dije que te dejara en paz.
Él soltó una risa amarga, sin humor.
—¿Le dijiste?
Doña Carmen cerró los ojos.
—Le ofrecí dinero.
Santiago se quedó inmóvil.
—¿Cuánto?
—500 mil pesos.
La cara de Santiago cambió.
—Neta estás enferma.
—Le dije que te dejara en paz.
Él soltó una risa amarga, sin humor.
—¿Le dijiste?
Doña Carmen cerró los ojos.
—Le ofrecí dinero.
Santiago se quedó inmóvil.
—¿Cuánto?
—500 mil pesos.
La cara de Santiago cambió.
—Neta estás enferma.