—No te estoy preguntando.
Elías dio un paso al frente.
—Sí, la estás preguntando. Y ella ya respondió.
Tomás lo miró con desprecio.
—Mira nada más. El sordo ya habla.
Elías no se movió.
—Y escucha lo suficiente para saber que debes largarte.
La tensión explotó cuando uno de los hombres intentó agarrar a Clara del brazo. Elías lo golpeó de un empujón seco que lo lanzó contra el corral. Los caballos se inquietaron. Tomás llevó la mano al cinturón, donde Clara sabía que guardaba una navaja.