Podía comprometer bienes que no tenían relación directa con el proyecto.
—Lo revisaré con calma —le dije.
Mauricio había sonreído.
—Siempre encuentras algo que complicar.
Yo no había firmado.
Ahora entendía por qué había insistido tanto.
Esa noche, la aseguradora me envió una copia del expediente preliminar del accidente porque algunos documentos del vehículo estaban vinculados al patrimonio matrimonial.
Entre los archivos había una grabación.
La cámara del automóvil había capturado los minutos previos al choque.
Me puse los audífonos.
La grabación comenzó.
La voz de Mauricio apareció claramente.
—Cuando cierre la ronda, el departamento queda a nombre de Renata.
Sentí un escalofrío.
Después escuché la voz de ella.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Y Valeria?
Mauricio soltó una risa.
—Valeria nunca se dará cuenta.
Pausé el video.
Respiré.
Volví a reproducirlo.
Esta vez escuché cada palabra.
—Mientras siga resolviendo mis problemas y consiguiendo inversionistas, tengo todo bajo control.
La voz de Renata sonó más baja.
—¿Y cuándo vas a terminar con ella?
Mauricio respondió:
—Cuando llegue el dinero nuevo.
Sentí que mis dedos comenzaban a temblar.
Pero todavía faltaba algo.
La grabación continuó.
—Primero necesito que firme las garantías —dijo Mauricio—. Después puedo mover los activos.
Renata permaneció callada unos segundos.
Entonces preguntó:
—¿Y Matías?
Mauricio respondió:
—Matías estará protegido.
Apagué la grabación.
Durante siete años había creído que mi esposo me ocultaba una aventura.