—Se parece.
—No te he preguntado si se parece.
El anciano levantó los ojos.
—No la hice yo.
Carmen se llevó una mano a la boca.
Manuel había firmado documentos durante más de 50 años. Sabía dónde apretaba la pluma, cómo terminaba la última letra y qué pequeño temblor le había aparecido después de una lesión en la muñeca. Aquella firma imitaba la forma general, pero estaba demasiado limpia.
Nicolás fotografió todo y llamó a su abogado, Adrián Ferrer.
Adrián fue tajante: no debían confrontar a Nuria todavía. Si la asustaban, podía destruir documentos, mover dinero o fabricar nuevas explicaciones.
Aquello fue lo más difícil para Nicolás.
Volver al comedor, sentarse frente a la mujer que había quitado las llaves a su madre y fingir que no sabía nada.