Yo también.
—Quiero que hable.
Y así nació el plan.
Mi familia recibió la noticia de mi muerte.
No de mi supervivencia.
Mi madre lloró por teléfono.
Mi padre organizó el funeral.
Brandon hizo exactamente lo que esperábamos.
Apareció vestido de negro.
Y no estaba solo.
Gretchen permaneció junto a él.
La misma mujer que había preguntado si yo estaba muerta ahora fingía llorar frente a mi fotografía.
Daniel consiguió las imágenes de seguridad.
Las vi desde una habitación protegida.
Brandon se acercó al ataúd vacío.
Apoyó una mano sobre la tapa.
Luego bajó la cabeza.
Para cualquiera que lo observara, parecía un esposo devastado.
Pero yo conocía aquellapostura.
Era la misma que usaba cuando negociaba.
La misma expresión tranquila.
La misma calma calculada.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
Mi padre se acercó a él.
—Brandon.
Mi marido levantó la cabeza.
—Lo siento mucho, señor.
Mi padre lo miró fijamente.
—Ella confiaba en ti.
Brandon tragó saliva.
—Yo también la amaba.
Tuve que contener una risa amarga.
Amarme.
El hombre que había intentado matarme estaba pronunciando esa palabra frente a mi familia.
Entonces mi padre hizo una pregunta.
—¿Qué harás ahora?
Brandon respondió inmediatamente.
—Cuidar a su familia.
Daniel pausó el video.
—Mire eso.
—¿Qué?
—No preguntó por el bebé.
Sentí que algo dentro de mí se quebraba.
Habíamos anunciado públicamente que el embarazo había terminado con mi muerte.
Pero nadie había confirmado oficialmente el estado del bebé.
Brandon tampoco preguntó.
Porque sabía perfectamente que nuestro hijo seguía vivo.
O eso creía.
Daniel continuó investigando.
Descubrió que,dos días después del funeral, Brandon se reunió con un asesor financiero.
Hablaron durante casi una hora.