Esperaba súplicas.
No llegaron.
Uno por uno volvieron a cargar las cajas.
Tomás subió el televisor.
Los niños entraron al coche.
Maribel cerró la cajuela.
No llegaron.
Uno por uno volvieron a cargar las cajas.
Tomás subió el televisor.
Los niños entraron al coche.
Maribel cerró la cajuela.
Doña Rosa fue la última.
Antes de subir, miró la casa azul.
—Andrés jamás habría permitido que hicieras esto.
Lucía sintió que aquellas palabras buscaban exactamente dónde herirla.
Pero Esteban respondió antes.
—Andrés compró un seguro de vida para que su esposa y su hija estuvieran protegidas.
Miró a Lucía.
—Creo que eso responde bastante bien lo que habría querido.
Doña Rosa se marchó sin despedirse.
Cuando los vehículos desaparecieron al final de la calle, Lucía cerró el zaguán.
Y entonces lloró.
Esteban no intentó detenerla.
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