PARTE 2: LA CASA NO ERA DE ELLA

Aquella frase había funcionado durante treinta y cuatro años.

Lucía la había escuchado cuando quiso estudiar lejos.

Cuando decidió casarse con Andrés.

Cuando no prestó dinero a Maribel.

Cuando intentó poner límites.

Siempre terminaba cediendo.

Esta vez no.

—Te quiero, mamá.

Doña Rosa levantó la mirada, esperanzada.

—Pero querer a alguien no significa entregarle las llaves de mi vida.

Su madre dejó de llorar.

—Te vas a arrepentir.

—Tal vez.

Lucía acarició la espalda diminuta de Emilia.

—Pero será mi decisión.

Maribel tomó una de las maletas.

—Vámonos.

Doña Rosa permaneció inmóvil.

—Cuando necesites ayuda con esa niña, no me llames.

Lucía sintió el golpe.

Durante un segundo volvió a ser aquella hija que temía quedarse sola.

Entonces Emilia hizo un pequeño sonido contra su pecho.

Lucía la abrazó.

—Está bien.

Doña Rosa pareció sorprendida.

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