El pavo real seguía allí.
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Me acerqué lentamente.
—Gracias.
El animal me miró.
Después abrió sus enormes plumas.
Por un instante, el dibujo de sus plumas parecía exactamente igual al pavo real del viejo mantel.
Mi abuela salió al jardín.
Se colocó a mi lado y sonrió.
—Ahora entiendes por qué nunca quise deshacerme de ese mantel.
La miré.
—Sí.
Ella tomó mi mano.
—Tu abuelo sabía que algún día alguien encontraría la verdad.
Miré al pavo real mientras se alejaba lentamente entre los árboles.
Y entonces comprendí algo.
A veces, los secretos pueden permanecer ocultos durante décadas… pero la verdad siempre encuentra una manera de regresar.
Desde aquel día conservé el viejo mantel.
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