El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada… pero al abrirse la puerta encontró a una niña de siete años cosiendo hasta lastimarse las manos, y lo que había debajo del colchón cambió por completo el motivo de su visita

—Entonces necesitamos algo más.

Eduardo abrió los movimientos bancarios.

No encontró las transferencias de Mariana.

Ni las de otros inquilinos.

—El dinero no entró aquí.

—Entonces ¿a dónde fue?

Necesitaban identificar la cuenta receptora.

Mientras Eduardo hacía llamadas, Alejandro recibió un mensaje.

Era Mariana.

“Señor Cárdenas, alguien estuvo aquí.”

Alejandro respondió inmediatamente.

“¿Quién?”

La respuesta tardó.

“Roberto.”

Alejandro se levantó.

“¿Qué quería?”

Tres puntos aparecieron en la pantalla.

Desaparecieron.

Volvieron.

Finalmente llegó una fotografía.

Era un sobre dejado debajo de la puerta.

Dentro había un documento.

“Convenio de terminación voluntaria.”

Y una cifra.

$80,000 pesos.

La oferta había subido de $25,000 a $80,000 en menos de veinticuatro horas.

Eduardo lo miró.

—Está intentando cerrar el asunto.

—¿Por qué tanta prisa?

El abogado señaló la pantalla.

—Porque sabe que viste algo.

Entonces sonó el teléfono de Eduardo.

Escuchó durante casi un minuto.

Su expresión cambió.

—Gracias. Mándamelo.

Colgó.

—Ya identificaron la cuenta.

—¿De Roberto?

—No.

Eso sorprendió a Alejandro.

—Entonces ¿de quién?

Eduardo giró la laptop.

La cuenta pertenecía a una sociedad llamada Administradora Urbana del Centro, S.A. de C.V.

Alejandro nunca había oído ese nombre.

—¿Quién es el representante?

—Estamos revisándolo.

Media hora después llegó la respuesta.

Eduardo leyó el correo dos veces.

—Esto se puso peor.

—Dime.

—Roberto no aparece como socio.

—Entonces quizá estamos equivocados.

—No.

Eduardo señaló otro nombre.

Era una mujer llamada Patricia Cárdenas.

Alejandro dejó de respirar por un instante.

Patricia era su hermana mayor.

Llevaba años diciéndole que no quería involucrarse en los negocios familiares.

—Eso no tiene sentido.

Sacó su teléfono.

Tenía tres llamadas perdidas de Patricia.

Antes de poder devolverlas, recibió un mensaje de ella.

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