Los detalles que no encajaban
La cinta médica sobre el pañuelo era, en apariencia, un objeto insignificante. Pero la madre Caridad sabía por experiencia que las verdades incómodas suelen esconderse en detalles menores: un olor, una fecha mal anotada, un nombre repetido en el lugar equivocado.

- La visita de la doctora Paloma aquella tarde lluviosa nunca había quedado registrada en el libro de la enfermería.
- El expediente médico de la hermana Esperanza tenía páginas que parecían haber sido reemplazadas con posterioridad.
- Los nacimientos de Tomás y Miguel figuraban en los libros parroquiales con una precisión demasiado ordenada para una historia tan confusa.

Cada uno de esos detalles, tomado por separado, podía explicarse. Todos juntos formaban un mosaico que la superiora había preferido no observar de frente.
La decisión que no podía seguir postergando
Frente al teléfono, la madre Caridad respiró hondo. Sabía que levantar el auricular significaba abrir una puerta que quizás nunca podría volver a cerrar. Podía llamar a la doctora Paloma y pedirle explicaciones. Podía comunicarse con la oficina del obispo y anticiparse a cualquier investigación. O podía guardar la cinta en un cajón, como había guardado durante tres años tantas preguntas sin respuesta.