Vivian le decía que esos juguetes ya no eran para él porque había una niña más importante en la casa.
Sentí que Ethan me apretaba la mano.
Detuve el video.
No porque quisiera proteger a Richard.
Porque mi hijo estaba sentado a menos de un metro escuchando otra vez el momento que acababa de vivir.
Me incliné hacia él.
—No tienes que oír esto otra vez.
Richard aprovechó la pausa.
—Mamá se expresó mal. Eso es todo.
Lo miré.
—¿Eso es todo?
—Estaba cansada. Ethan estaba haciendo un berrinche. Tú ni siquiera estabas aquí.
—Exactamente.
La palabra le cayó peor que un grito.
Yo no estaba allí.
Él sí.
Vivian sí.
Brooke sí.
Y un niño de cuatro años había tenido que esperar a que yo regresara para que alguien lo levantara del piso.
Reanudé el video, pero avancé hasta un punto posterior.
Esta vez apareció Richard.
Se veía entrar a la sala con su vaso en la mano.
Ethan seguía abajo.
Richard miraba hacia él.
No podía decir que no lo había visto.
La grabación no captaba cada palabra desde todos los ángulos, pero captaba suficiente.
Se escuchaba a Ethan pedir levantarse.
Después se escuchaba la voz de su padre diciéndole que obedeciera a Vivian.
Richard dejó de intentar acercarse al teléfono.
—Esto está fuera de contexto.