—No es venganza.
Lo miré por última vez.
—Es simplemente la primera decisión que tomo pensando en mí.
Mateo sostuvo el sobre con las manos temblorosas.
Y mientras yo caminaba hacia el ascensor, finalmente comprendió algo:
Durante nueve años había creído que yo necesitaba su hogar.
Su apellido.
Su familia.
Pero la verdad era mucho más cruel.
Él era quien necesitaba que yo siguiera allí.